
Ya puedo suponer cual será la forma de presentarse para ligar de los lindos criollos en las discoteques, él, además de darle dos besitos le dará una palmadita en la espalda. Pero no para que ella se sienta apoyada, más bien para que ella quiera sentirse a-poyada. Ya que el pillin habrá pegado en la chepa de la dama un parche de estos, o dos, o tres… dependiendo de lo agreste que vea el terreno el zagal aventurero. Al poco, la estafada pensará “¿Que se habrá hecho el tonto del culo este, que nunca me llamó la atención y ahora le encuentro yo un noseque-que-queseyó que empieza a comprometer mi exigente criterio?”
Esto también afectará a las parejas que yacen juntos. Cuando él, travieso, busque juguetón las carnes a la cansada esposa y ella con resignación engañosa le diga que tiene jaqueca, el marido ágil y empalmado saltará de la cama al botiquín mientras le dirá “No te preocupes cariño, te voy a forrar de unos parches milagrosos que te quitan el dolor de cabeza en un plis plas”. Y a los pocos minutos fiesta en palacio con fuegos artificiales y el horno a punto.
Y por fin mandaremos a tomar por culo la evolución… ya no procreará el más fuerte, ni el más guapo, sino el que más gaste en parches o el que tenga un familiar en una farmacia que le pueda conseguir material a bajo coste… en tres o cuatro generaciones, la raza humana se convertirá en farmacéuticos, y nuestro sistema digestivo se habrá adaptado para poder alimentarnos de paracetamol, pomadas y jarabes, todo un logro.
Parece mentira como una mínima cantidad de testosterona puede cambiar tanto a una mujer. Pero quizás ellas podrán empezar a comprender lo “viejo verde” que son los hombres, sí señoras, si con éste pequeño apósito os ponéis así, imaginaros si llevarais dos bolsas entre las piernas a reventar de testosterona.
No quiero decir que muchos mozos la mar de borricos ya tengan la excusa perfecta, pero cuando vuestra media naranja se os acerque con la lengua fuera como aquel perro que quiere que lo saquen a la calle. No lo miréis con lástima o incomprensión, si queréis saber por lo que está pasando, usad una de estas cataplasmas y pensad que sólo son las reglas que la naturaleza ha creado y que por ellas estamos aquí. Y así, quien sabe, igual vendrá el armisticio en la guerra de los sexos. (O sólo será un parche, porque por lo visto, si se abusa, a ellas les saldría bigote... Uff!).